Autor: Apoyo online 10 junio 2010
Hola, soy mujer y tengo 30 años. Un día me levanto y me siento feliz de ser y estar aquí. Todo parece sencillo, las cosas cotidianas, ir al trabajo, trabajar, volver, cocinar, ver a amigos… Y de pronto, y creo que a veces soy conciente del cambio lento y progresivo, todo cambia. Ya no le encuentro el sentido a nada. Me cuesta horrores ser, estar y todo lo que ello conlleva.
Cuando algo de fuera mantiene mi atención es más simple. Pero para eso necesito que algo llame mi atención y a veces es como si nada fuera capaz de hacerlo. Y entonces comienzo a “trabajar” dentro de mí y es cuando las cosas se complican. Paso de entender la manera de sentirse feliz, de no necesitar, de agradecer cada cosa que pasa, de sentirme liberada, más allá de mis propios pies en el suelo, a sentirme abandonada, sola, desdichada, incapaz de entender ni de expresar lo que querría… Y sin embargo todo en el exterior parece continuar al mismo ritmo de siempre, y entonces me siento tan fuera de todo que a veces querría ya desaparecer del todo.
Responde: Julio Gómez.
Dice C. G. Jung que “no podemos vivir la tarde de la vida según el programa de la mañana de la vida; pues lo que en la mañana era verdad, en la tarde se ha convertido en mentira”. Visto desde una clave más psicológica o de ciclo vital podemos hablar de que a lo largo de nuestra vida se pueden dar tres viajes: el primer viaje es todo el proceso desde la infancia a la madurez pasando por la adolescencia. Este viaje implica pasar los retos y las crisis de aproximadamente dos décadas para encontrar una medida de estabilidad emocional y por lo menos una cierta identidad provisional. Ocupamos nuestro lugar en el mundo. El tercer viaje cubre el envejecer y los últimos años antes de morir. Este viaje también tiene sus jalones externos: abandonar el trabajo de toda una vida, ir a una residencia de ancianos, la muerte del cónyuge o irse a vivir con los hijos, como el primer viaje tenemos millones de compañeros de viaje en el camino.
Pero algunos son llamados a un segundo viaje, que tiene un carácter imprevisible. Quienes se adentran en este segundo viaje sufre una pérdida de orientación. Lo logrado en el primer viaje se vuelve incierto. Dejan sus roles normales y deben enfrentar desafíos inesperados. El consenso grupal ya no les vale. Se sienten llamados a experimentar de nuevo con la vida. Es un viaje de autoexploración que puede ayudar a descubrirse a uno mismo verdaderamente.
¿Cómo gestionar un segundo viaje? Desde la aceptación. Merece la pena aceptarlo en virtud de sus posibilidades humanas y espirituales. Esto es más fácil de decir que de hacer. Muchos segundos viajes han sido abortados por el grupo al que pertenecemos o por el propio individuo. Puede ocurrir que intentemos ignorar su comienzo considerándolo sólo como una fase desagradable que ya desaparecerá o en el peor de los casos lo podremos controlar. Podemos negar lo que nos ocurre, refugiarnos en la actividad o usar técnicas que nos fueron útiles en el pasado. Preferimos no abandonar lo conocido que nos protege… más vale lo malo conocido… Yo te animo a que viajes, a ser viajera.
3 Comentarios en “Los distintos viajes de la vida”
El mesas dice:
Leo y me causa tristeza ver como son las mejores personas las que mas sufren, y si tan bien las entiendo es porque yo he pasado por lo mismo, sobrevvir me ha llevado a encontrar la causa no solo de mis males sno de todos los que son como yo, encontrar la causa me ha dado la liberacion, y si yo he salido solo ha sido porque no existe nadie con la capacidad necesaria para ayudarme, solo son capaces de aportarte consuelo,
un saludo
Sabes yo he sentido hace poco algo parecido, me ha encantado la respuesta que te han dado y te ánimo a hacerlo. Hay momentos en que algo nos hace detenernos y fijar nuestra atención en cómo vivimos, si no nos gusta lo que vemos tenemos una solución: CAMBIARLO!!!!! Es muy dificil o muy fácil según lo que te conozcas, pero solo tú puedes saber cual es el camino de tú viaje, eso sí hay muchas ayudas, ahora estoy leyendo un libro muy bueno de Richard Wiseman “59 segundos” y nos da unas pequeñas pistas para grandes cambios. Y un consejo personal es que te vacíes de lo que pienses que ya no va contigo, necesitas sitio para nuevas cosas.
En cierto modo creo que el sufrimiento es la vivencia de situaciones no deseadas. La diferncia entre lo deseado y el mundo real o lo que acontece.
Creo que el sufrimiento puede ser aliviado con la aceptación de la realidad. Vivir aunque no nos guste la realidad momento a momento con atención consciente, y no desear huir ni escapar, vivir con intensidad aquello que no nos gusta y que no hemos deseado.
A partir de aqui, podemos cambiar la situación si está en nuestra mano,
en mi caso no tengo herramientas para cambios, la discapacidad grave de mi hijo, la falta de personas con quien compartir este reto, y también la exclusión social para jóvenes gravemente afectados físicamente, hace que debamos vivir con lo que hay, que lo cotidiano sea puramente lo prioritario.