Autor: Apoyo online 8 marzo 2010
Tengo 28 años y empecé con mi marido a los 14. Su madre nunca ha querido que estemos juntos, me infravalora, cuestiona todos mis gustos, valores y creencias. Cuando intento exponer mis argumentos ella simplemente levanta el tono de voz, grita, impidiéndome hablar. Siempre pensé que los comentarios de la gente no me importaban pero cada vez soy más consciente de que paso todo día dando vueltas a cada cosa que dice y lo que es aún peor, llenándome de rabia. Odio ese sentimiento. ¿Cómo puedo sacarme a esta mujer de la cabeza?
Responde: Mariano Robles.
De esta situación, en principio complicada, hay algo muy bueno. Sabes perfectamente qué te pasa y quién te ayuda a estar así. Es decir, si no te hemos entendido mal, cada vez que quieres hablar, expresando tu opinión, tu suegra crea un contexto en que eso resulta imposible. Implacable enemigo, pero previsible. Una estratagema que podría funcionar para desbloquear esa situación es adelantarte a su comentario, diciéndolo tú misma; de esta manera la dejas en fuera de juego. La idea sería desconcertarla, porque lo importante es que puedas expresarte, sino, surge la rabia (que aquí actuaría como una defensa delante de la agresión), que es precisamente lo que no quieres.
Un segundo aspecto relacionado, que también comentas, es que pasas mucho tiempo rumiando cada comentario suyo. Aquí el que te juega una mala pasada es tu propio cerebro y tu percepción. Pero al ser humano nos resulta prácticamente imposible no pensar, sobre todo cuando algo nos preocupa. Aunque existen algunas técnicas para alejar los pensamientos, en este caso resultaría más interesante que no los dejaras de lado y entendieras lo que te están diciendo. De ahí la propuesta anterior.
Según Jay Haley, uno de los pioneros en las intervenciones centradas en la solución, cuando un problema se mantenía en el tiempo solía ser porque todos los “participantes” permanecían en el mismo rol. Según él, la solución sería entonces modificar algún aspecto del mismo, como la frecuencia, el ritmo o la dinámica.