Autor: Apoyo online 20 enero 2010
Dejo a mi hija de 15 meses con una canguro cada mañana cuando voy al trabajo desde que la niña tenía siete. A partir de los nueve meses empezó llorar cuando se separaba de mí. Para evitar su llanto, y dado que a los bebés les puede la curiosidad, busco cada día algo que pueda ser de su interés para dárselo cuando me marcho: un papel, un monedero, una caja de cartón… La mayoría de las veces funciona y la pequeña se queda mirando el objeto, muy interesada. Yo me voy, diciéndole adiós a distancia o, últimamente con un beso.
¿Estoy haciéndole un flaco favor ya que de ésta forma sólo hace que eludir la emoción de tristeza? ¿Queda, de esta forma, dicha emoción oculta y sin resolver? ¿Debería dejarla llorar para que se encarne a su propia emoción y la resuelva?
Responde: Anna Martí.
La atención a las necesidades emocionales del bebé es imprescindible para que el niño crezca seguro y tenga un desarrollo harmónico. Los bebés no saben hablar pero han de comunicarse y lo hacen como pueden, muchas veces mediante el llanto.
La necesidad de afecto y de contacto físico es importantísima actualmente se puede afirmar, gracias a diferentes estudios, que estas necesidades deben ser cubiertas para que el bebé crezca seguro.
Las emociones se pueden transformar y posponer y no se deben reprimir. Que el bebé deje de llorar no significa que esté triste y lo reprima. El nuevo objeto facilita que el bebé perciba un nuevo estímulo y con esto disminuya la ansiedad por la separación.
También es importante remarcar que la seguridad que le transmite la mamá al niño en el momento de la separación determina la respuesta del bebé. La secuencia de miedos normales según Carmen Bragado en su libro Terapia de conducta en la infancia: trastornos de ansiedad es la siguiente: