Autor: Apoyo online 27 noviembre 2009
Querido amigo. Te escribo con una intensa tristeza interior. Aunque no quiero que te asustes. Quisiera que me des consejos para no ser demorona.
Crecí con mucho rencor; con miedos. Quiero mucho a mis padres y a mis hermanos. La nuestra era una familia muy unida hasta que mi padre comenzó con la bebida. Llegaba a casa con amigos y nos mandaban a mi y a mis hermanos, pequeños, a la tienda a por cervezas. ¡Joder, qué vergüenza! Así crecimos, pero eso no es nada. Cuando los amigos se iban, empezaba la pelea con mi madre. Veíamos como la pegaba. Era siempre lo mismo: puñetazos, patadas… Era lo peor. Odio el licor. ¡Lo odio!
Con los años mi madre se hizo fuerte, se hizo respetar y mi padre dejo de beber. Siempre fue intransigente, exigente, aunque no consiguió que de mayores fuéramos grandes profesionales. Pero ¿sabes, Eduardo? Somos felices porque los hermanos aprendimos a juntarnos y hablar mucho. Aprendimos que el diálogo en la mesa es glorioso. Somos cuatro hermanos y nos queremos un montón. Tengo un niño, lucero de mi vida. ¡Él sí es puntual! Hasta le condecoraron por ello en la escuela. Sin presión, lo motive y lo sigo haciendo. Le enseño con mucho cariño y diálogo, sin miedo o de lo contrario se hallaría en el mismo círculo.
Hoy día, no todo es malo. Esa parte de la historia ya pasó y quiero mucho a mis padres, nos llevamos muy bien. Pero no puedo negarte que tengo muchas carencias.
Responde: Nika Vázquez.
Las experiencias que vivimos de pequeños marcan nuestro modo de ver el mundo, de sentirnos seguros en él, y cómo nos relacionamos con los demás. Convivir con el miedo provoca unos niveles elevados de estrés, la incertidumbre nos vuelve inseguros y el rencor hace que no logremos olvidar, y vivamos con ira, que es la emoción que está a la base del rencor.
Qué importante que con ese entorno tan desfavorable donde crecer y desarrollarte, aprendieseis tú y tus hermanos a superar esa situación, y a vivir al margen de ella, respetando vuestros tiempos y espacios. Que hayas transmitido valores de libertad, autonomía y respeto a tu hijo indica que tú también los tienes, y los consideras importantes para la vida, aunque no crecieses con ellos.
La resiliencia es la capacidad que tenemos para reponernos y continuar con nuestra vida, a pesar de las malas experiencias que nos brinda la vida, a pesar de las carencias que tuviésemos, y aprendiendo de ellas.
5 Comentarios en “Alcohol y violencia en el seno familiar”
Creo que lo más importante es ser consciente de hasta qué punto ese tipo de cosas quedan grabadas en nuestra mente en forma de miedos, etc…. para actuar de acuerdo a como realmente queremos. Lo bueno es que incluso de esa situación salió algo positivo: la unión entre los hermanos y evitar situaciones parecidas en el futuro… Estoy básicamente de acuerdo con la psicóloga… Saludos
Pienso que es complicado saber cuando alguna acción tendrá cierto tipo de reacción sobre una persona, en casos extremos siempre hay reacciones extremas. En este caso o se formaba una fuerte cadena de cultura de violencia, o se apreciaba la belleza de la paz y unión familiar. Al igual que en los lugares donde hay guerra, solo se puede amarla u odiarla. O por poner un ejemplo tonto, dicese del caviar que solo puede amarse y odiarse, ambos con pasión.
A lo que queria llegar es que ultimamente he leido de muchos bloggers frases similares a ‘Como nos hace falta una guerra!’ y no es que este de acuerdo en lo mas minimo, pero vamos, veamos a nuestros abuelos, como se embarcaban en aventuras mucho mas arriegadas de lo que nosotros podriamos afrontar. Por poner un ejemplo, todos los emigrantes de paises distantes que se iban practicamente sin nada mas que las ganas de salir adelante, hoy en día, con todas las facilidades practicamente nadie lo haria.
Supongo que a veces es buena la variedad, y de un poco de guerra y violencia, se vuelve a apreciar la paz y la bondad. De las caidas aprendemos a levantarnos, si nunca nos cayeramos, jamas aprenderiamos a levantarnos.
Que opinan?
Saludos
En primer lugar enhorabuena por el ejemplo vincular entre una familia que supera y crece desde un problema. Una historia común en otras casas pero que por falta de alguien con ganas o fuerzas de arriesgar aportando o buscando no pueden salir.
He de destacar la admiración que siento por tu madre al saber ser fuerte, exigente y hacerse respetar ante un problema grave. Sin esa actitud él, tu padre, no hubese tenido la ayuda que necesitaba.
Ahora estais bien porque cuando en los hogares hay referencia de las dos partes los hijos se mueven con pilares seguros y lo vuestro solo fue un periodo.
También quien sale de una adicción es valiente y se merece el cariño de su entorno.
Todos habeis puesto vuestro granito de arena por lo que se ve, la unión hace la fuerza.
Y lo de la profesión pasa a un segundo lugar cuando se ha logrado una conquista como esa. ¡Felicidades!.
Tu nivel de conciencia hará que eduques a tu niño con cariño y seguridad. ¡Suerte!.
Desde mi punto de vista, el alcohol -como el dinero- sacan a relucir la personalidad, el carácter, y catalizan el proceso de decantación que conlleva cualquier convivencia. Las demás consideraciones me parecen secuelas.
Cinquetto, lo que hace beber en exceso, hecho muy común hoy día, entre jovenes y también mayores, es no tener la COPA LLENA de deseos orientados a llenarla de otros motivos que no nos deterioren el cuerpo y si que nos den vida.
Falta sentido especial, el que responde con frutos quizá no tangibles, pero cargados de sonrisas y grascías por ser así, NORMAL, o estar aqui ahora.
Si tenemos la copa llana de cosas así, no entra nada más, no son compatibles.