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Autor: Apoyo online 15 junio 2012

2 comentarios

Niños adoptados sin apego seguro

Tengo un hijo de 11 años que adoptamos, tras dos abandonos, cuando tenía ocho. Diagnosticado de un trastorno psiquiátrico severo, que sirvió de excusa para su segundo abandono tras cinco años con su ex-padres adoptivos, su diagnóstico fue contrastado y, finalmente, rechazado quedando descrito como un simple TDAH. Nosotros, absolutamente legos en la materia, hemos seguido su prescripción aún con el convencimiento, tanto nuestro como de su psicóloga, que su patología no era otra que el que nunca lo hubiera querido nadie hasta nosotros. Hoy, a través de la radio, he descubierto la inteligencia emocional y he leído ávidamente el informe de las Fundaciones Faros-Punset viendo claramente que las dificultades académicas, de madurez y de comportamiento de nuestro hijo se derivan, como nosotros pensábamos, del estado de rechazo, humillación, falta de cariño y ostracismo al que estuvo condenado durante sus primeros años de vida. Leo que hay ejercicios según edades, que hay mucha bibliografía pero mi pregunta es más concreta: ¿cómo recuperar estos ocho años? ¿Cómo conjugar ciertos rasgos de infantilismo, de desinterés, de nula autoestima, con una cabeza que funciona, para muchas otras cosas, como la de un preadolescente? Muchas gracias.

Responde: Esperanza López.

John Bowlby, psicoanalista inglés, desarrolló una elegante y útil teoría sobre cómo los humanos formamos vínculos afectivos, a la que él llamó la teoría del apego. Bowlby afirmaba que nadie nace con la habilidad de regular las propias emociones; los bebés sufren desajustes emocionales según sus necesidades, en principio básicamente biológicas, y por ello precisan de un regulador externo para recuperar el equilibrio u homeostasis, que es el cuidador. Así, las señales de los niños son recibidas y respondidas por el cuidador/a, restableciendo el equilibrio. El niño aprende de este modo que sus necesidades serán cubiertas siempre que esté presente la persona que se encarga de él, que nunca habrá una situación que supere sus capacidades de control si está acompañado por él o ella.

En estados de activación incontrolable, el bebé buscará el contacto o proximidad física con el cuidador con la esperanza de ser calmado y recuperar su seguridad. Así va adquiriendo unas expectativas sobre lo que ocurre cuando está o no su persona de seguridad o de apego, y aprende a manejar el entorno a través del vínculo con esa persona. Dependiendo de lo positivas o negativas que hayan sido las experiencias con el cuidador, las personas establecen un apego seguro o no. Las madres sensibles, disponibles y responsivas ante las necesidades de su hijo, hacen que este establezca un apego seguro, que le permite explorar la realidad con tranquilidad y confianza. Las madres poco consistentes en su disponibilidad para responder a sus hijos no facilitan que estos aprendan a controlar su medio con seguridad porque no las pueden utilizar como figura de apego.

Por lo que cuentas tu hijo no ha debido tener oportunidades de establecer un apego seguro con nadie, porque no ha tenido una persona constante y consistente a través del tiempo que le permita desenvolverse con seguridad. Es lógico, por tanto, que esté activado, que tenga muchas lagunas de madurez, que su edad biológica no coincida con su desarrollo emocional. Necesita más tiempo para poder adquirir las competencias que otros niños en condiciones normales aprenden con mayor facilidad, pero sobre todo, necesita de vuestra empatía y comprensión. Lo principal ahora es que le quede claro que le queréis y aceptáis como es, que no se sienta juzgado por hacer cosas impropias de su edad, que no corre el riesgo de que le rechacéis como ya han hecho otros. Si os mantenéis sólidos y estables dándole amor y paciencia, irá calmando su miedo e inseguridad de no volver a ser abandonado, porque le estaréis mandando el mensaje de que confiáis en él y en sus posibilidades.

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2 Comentarios en “Niños adoptados sin apego seguro”

Mª teresa 21 junio 2012 a las 7:37 pm

acabo de leer este comentario; mis hijos tienen 13 y 14 años llevamos 4 años juntos;decir que he soportado todo esto que cuentas y algo mas.. no es exagerado, ahora, la que no tiene tanto “apego” soy yo y se lo digo a ambos: querer no es un regalo se trabaja dia a dia ..y ¡vuestro trabajo no lo veo! me siento mal por no dar esa “incondicionalidad” afectiva.. pero ¿ es realmente sano amar sin esperar nada? hay que dar a los hijos/ marido ..etc todo sin esperar nada ¿de verdad soy poco madre por defenderme del daño, mentiras, agresiones verbales, y utilizacion que ellos ejercen sobre quien cuida, alimenta y da lo que jamas les dieron? poniendome en su lugar, aunque no pudiera “querer” (palabra mayor) a mis “padres adoptivos”, estaria agradeciada, valoraria lo que tengo y me ofrecen,y trataria de todos modos de no perderlos porque nada tenia antes. ¿estoy equivocada?

Un abrazo teresa

Bea 10 julio 2012 a las 10:39 am

Entiendo tu calvario diario, el agotamiento mental y los sinsabores, pero no debes caer en el desapego. Extremadamente resumida y simplificada, y desde una situación aún inestable, te ofrezco dos recetillas básicas: Yo escucho mucho, escucho a todos, padres, psicólogos, médicos. Y observo, sobre todo, observo; observo reacciones, observo decisiones educativas y las analizo, elaboro mi propia pauta de conducta; busco trucos que veo que funcionan con mi hijo; observo y analizo la relación padres-hijos de los demás pero yo busco mi propio camino, lo que a mi me va bien con un niño que ha sufrido mucho y cuyas reacciones (tanto buenas como malas) no son comparables con los demás. Ante rabietas y desobediencias, castigos y elevar tonos de voz, no sirvan para nada. Yo intento no alterar, mostrar mi disgusto y apelar a su responsabilidad (“tú ya sabes lo que tienes que hacer y tú verás lo que haces”); y, muy importante, lo dejo y le doy tiempo a que reflexione y reaccione; mientras, yo, a lo mía. Y ante actitudes de tipo adolescente (faltar al respeto, malas contestaciones…) ahí sí que lo que yo haría ante cualquier adolescente, no entrar nunca a ese trapo y no demostrarle que me hace daño con sus palabras sino simular que son palabras huecas que me entran por un oído y me salen por el otro. Luego, a escondidas, a veces lloro en el cuarto de baño o golpeo cosas para aliviar la rabia, pero no suelo dejar que él vea q

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