Autor: Apoyo online 8 junio 2012
Trabajo desde hace años en un colegio de educación especial. Llevo todo este curso con un alumno especialmente agresivo, con retraso mental y otros problemas asociados. Me ha agredido varias veces, además de a sus compañeros, y la situación se ha vuelto insostenible. Asumo que es un riesgo inherente a mi profesión, pero la familia se niega a colaborar y el centro tampoco pone mucho de su parte; se limitan a aconsejarme que aguante lo que queda de curso. Como resultado, me siento totalmente desprotegida y tampoco deseo emprender acciones legales contra el niño, que ya tiene 14 años ni deseo nada malo para él. Pero yo cada vez me siento más hundida y hace un mes que he empezado a tener problemas de ansiedad importantes, como insomnio y taquicardias, y no paro de llorar cuando estoy en casa. Adoro mi trabajo pero este año parece que toda mi experiencia se ha desvanecido. Ante una situación que ya he visto que no puedo cambiar desde fuera, ¿qué podría hacer para resistirla desde mi interior?
Responde: Esperanza López.
El retraso cognitivo no tiene porqué llevar aparejado problemas conductuales de agresividad a no ser que sea algún tipo de síndrome específico como por ejemplo, el de Prader Willi, que es un trastorno complejo que cursa también con alteraciones de conducta y se caracteriza por la impulsividad, agresividad y escasa tolerancia a la frustración. Pero en la incidencia de conductas agresivas intervienen también otros factores ambientales como las relaciones familiares, los cuidados y la educación recibida en el colegio y en su casa. Si los padres no son colaboradores como tú dices, es difícil poder erradicar esas conductas. Enseñarle autocontrol requiere de una intervención multidisciplinar y coherente en todos los ambientes donde se desarrolla el niño. Parece que tú has intentado un abordaje de este tipo pero no lo has conseguido, pues desde el colegio tampoco has recibido el apoyo necesario para intentar modificar su comportamiento. Se ve que tienes una actitud empática con él desde el momento en que no quieres resolver el problema utilizando coacciones legales.
Por otra parte, la reacción de ansiedad que estás teniendo es lógica, pues estás sufriendo una situación de amenaza que no depende de ti controlar. El miedo produce indefensión, y según explica el psicólogo Martin Seligman, cuando las personas están en situaciones en las que no tienen señales de seguridad sobre la ausencia de un estresor, están permanentemente activados a nivel fisiológico. El insomnio, las taquicardias y las ganas de llorar son indicadores de que estás estresada y puedes estar obsesionándote con el problema. Me imagino que también habrás intentado pedir consejo al gabinete psicopedagógico y al psicólogo del centro, en cualquier caso, podrías insistir con ellos pidiendo que te dieran pautas concretas de actuación con él; expresa abiertamente que necesitas apoyo para controlar la situación que a ti sola te desborda.
Estoy segura de que eres una gran profesional, que en tus años de experiencia has aprendido a manejar todo tipo de situaciones con los chavales. Si en este caso no puedes contar con la colaboración de más profesionales y la familia, puedes intentar centrar tu atención en conocer mejor al chico, descubrir ante qué estímulos reacciona agresivamente para que puedas predecir y así evitar una explosión violenta. Obsesionarte con cambiar su conducta no te va a ayudar, es mejor asumir la situación, aprendiendo a mejorar las condiciones que la provocan. Necesitas además hacer un esfuerzo por desconectar del trabajo cuando salgas de él; procura hacer actividades gratificantes donde te sientas fuerte, descansa haciendo relajación o meditación o cualquier ejercicio físico que te ayude a no seguir pendiente del tema, distráete con otras personas, recupera tu autoestima sintiendote satisfecha en otras áreas.
Entrada relacionada:
Violencia estigmatizada de los trastornos mentales