Autor: Apoyo online 31 mayo 2012
Últimamente las relaciones sociales se me hacen cada vez más difíciles ya que me reprimo mucho para dar mi opinión. En las conversaciones en el momento en que me expreso, empiezo a darle muchas vueltas sobre lo que he dicho, por si me puede pasar a mí, como por ejemplo una enfermedad, trabajo, pareja, situación económica. No me gusta criticar a los demás, pero muchas veces sus actuaciones no me gustan y me callo porque no tengo claro si realmente lo que yo percibo es real o son interpretaciones erróneas mías. Sufro demasiados miedos y noto que cada vez tengo menos criterio ya que no me atrevo a dar mi opinión por mis excesivos sentimientos de culpa. Con esta actuación realmente muchas veces tengo la sensación de que pensarán que soy una ingenua.
Responde: Noelia Sancho.
Respecto a tus habilidades y relaciones sociales mencionas dos tipos de problemas: por un lado la creencia de que aquello de lo que hablas podría ocurrirte a ti, y por otro lado la interpretación que das de las cosas. El pensamiento mágico es la creencia errónea de que los propios pensamientos, palabras o actos causarán o evitarán un hecho concreto de un modo que desafía las leyes de causa y efecto comúnmente aceptadas. Este pensamiento irracional puede generarte un estad de miedo o ansiedad que haga que, por temor a que tus ideas se cumplan en la siguiente conversación, optes por callarte. Con un patrón de evitación experiencial del malestar, es decir, evitar la situación que produce el pensamiento, a corto plazo no se produce la ansiedad, pero a la larga aumenta la respuesta ansiosa y la aparición de pensamientos mágicos o supersticiosos. Es decir, quedarte callada no es la mejor opción; lo indicado sería continuar participando, y después realizar un refuerzo del tipo “hoy he estado hablando de una enfermedad y sigo estando bien”.
Otro de los puntos que mencionas sobre hablar en conversaciones de grupo es si tu interpretación de la realidad o de lo que te cuentas es erróneo o no. El psicólogo cognitivo Ellis, que en su juventud sufrió problemas de relaciones sociales y timidez, elaboró una teoría sobre la relación de cómo los pensamientos influyen en las emociones que sentimos. En ocasiones desarrollamos creencias irracionales sobre nosotros y nuestro comportamiento, y esto genera sensaciones negativas que acaban afectando a nuestra forma de vivir la vida. Estas creencias suelen ser absolutistas, de forma que “tenemos que ser agradables”, “nunca debemos equivocarnos”, “siempre hay que ser correcto”, y con este tipo de pensamientos es difícil desarrollar la felicidad y satisfacción.
Parece que un “no puedo opinar mal”, “si me equivoco me van a rechazar” o “mi criterio no sirve” pueden ser algunas de los miedos que aparezcan en tu mente. Prueba a escribir esas ideas repetitivas y que te juzgan, e intenta ver si son absolutistas, negativas y basadas en hechos reales o no. Los miedos solo se superan de una manera, enfrentándolos. No significa que lo tengas que hacer sola, pues puedes ayudarte con ejercicios de relajación y técnicas de parada de pensamiento, ni de golpe. El miedo, si no lo enfrentas, tiende a crecer.
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