Autor: Apoyo online 31 mayo 2012
Hace unos meses os escribí una consulta por primera vez y lo publicasteis perfectamente con el nombre Laboralmente desvalorizada. La situación siguió igual, y en enero, por fin, me despidieron. Digo por fin, porque fue lo primero que pensé cuando me lo dijeron. Sentí alivio. Un mes después encontré trabajo en otra empresa, pero amo con locura mi otra empresa y echo mucho de menos a mi jefe. Me angustia pensar que se equivocó conmigo. Sé que él se sintió mal cuando me echó y llegó a comentar que incluso se estaba equivocando pero que no había vuelta atrás y que esa empresa siempre sería mi casa. No consigo ordenar mis pensamientos, por más que analizo no logro aclararme. Tengo miedo que después de haber vivido 3 años allí nadie se acuerde de mí, y sobre todo que mi jefe me odie. Nunca he sentido esto por nadie, pero tengo dependencia de él y pensar que no voy a volver a verlo o hablar con él me provoca mucha, mucha ansiedad. A veces pienso que me va a llamar por una urgencia o algo y el corazón me va a mil. Necesito saber qué me pasa.
Responde: Noelia Sancho.
En 1973 en Estocolmo, tuvo lugar un asalto a un banco en el que los delincuentes fueron descubiertos por la policía y retuvieron a los empleados y los clientes como rehenes durante varios días. En el transcurso de ese tiempo de negociaciones, los rehenes se identificaron con los raptores hasta tal punto que colaboraron con ellos protegiéndoles de las acciones policiales. Este hecho sirvió para bautizar como síndrome de Estocolmo ciertas conductas insólitas que demuestran afecto entre agresor y víctima.
Recientemente comienza a hablarse de este mismo síndrome en el plano laboral. En el síndrome de Estocolmo laboral el empleado muestra una conducta de apego, identificación e incluso vinculación psico-emocional a empresas cuyas condiciones de trabajo y/o estilos gerenciales son hostiles, inadecuadas e incluso reprochables. Este síndrome se diferencia del clínico expuesta anteriormente porque la victima establece un vínculo de forma que permanece en la empresa o puesto sin que haya una fuerza mayor o secuestro, sino por su propia voluntad.
A pesar de todo lo ocurrido en tu empleo anterior, el mecanismo de refuerzo intermitente logró que te enganchases a la situación y que percibieses un falso control sobre lo que ocurría. Y hoy, todavía crees que podías y podrías controlar lo que ocurra. Es importante que valores si realmente tenías control sobre algo o si allí te sentías contenta. Por lo que explicabas siempre había dobles mensajes y conductas contradictorias.
Sería muy positivo que volvieses a repasar aquello que ocurría, anotarlo en un papel y luego analizarlo. Intenta revisar hechos, no ideas o percepciones que tú tengas sobre la situación, sino realidades. Seguramente te des cuenta de muchas cosas que ya sabes y tal vez no quieres ver. Por otro lado este síndrome suele estar relacionado con la baja autoestima, y por cosas que mencionas como “que nadie se acuerde de mí”, “que me odien”, parece que te afecta mucho lo que piensen de ti. Si quieres, reflexiona sobre esto último, porque un síntoma de buena autoestima es no dejar que la gente dañina esté cerca.
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Un comentario en “Cuando el apego al trabajo se vuelve peligroso”
Valora lo que tienes y no eches la vista atrás. Mucha palabrería bonita, sí, pero tu anterior empresa te echó y adiós muy buenas. También a mí me dedicaron cantos de sirena cuando me pusieron en la calle hace casi 2 años, aunque todos sabíamos que era parte del paripé que supone una escena de despido. Siéntete orgullosa de haber sido valorada por una nueva empresa, y que le den candela a la anterior, que tuvo una joya entre sus manos y se la dejó caer como si tal cosa. Enhorabuena por tu nueva ocupación, donde te deseo que, ahora sí, encuentres el éxito que intuyo mereces.