Autor: Apoyo online 28 marzo 2012
Llevo más de cinco años trabajando en una empresa. Soy la más antigua y siempre la he tratado como si fuera mía, esforzándome cada día al máximo. Trabajo de lunes a viernes viajando por toda España y si hay eventos también los fines de semana. Me dicen que aún he de esforzarme más, pero no puedo esforzarme más. He llegado a un límite, necesito descansar, mi mente está agotada y para colmo cobro bastante menos que las compañeras de la oficina, que evidentemente tienen horario de oficina y no se llevan el trabajo a casa. Los dos últimos años casi no he podido dormir por los horarios en los que me salen los vuelos o simplemente por nervios y ansiedad. Me encanta mi trabajo y no quiero dejarlo, pero no puedo más.
Responde: Gabriel González.
Este puede ser el mejor barómetro para tener que buscar otra estrategia. Llega un punto en que nuestro compromiso, nuestra forma de ser y nuestra actitud nos hacen exigirnos cada vez más y ser capaces de darlo todo por nuestro trabajo. Pero hemos de ser más inteligentes ya que este nos puede pasar factura. Es importante que puedas analizar qué es lo que te gusta de tu trabajo, dónde disfrutas y en qué cosas; y a partir de aquí hacerlas presentes la mayoría del tiempo. Si hasta el momento has dado la talla es porque te compensaba todo el esfuerzo que hacías, aunque no fuera materialmente.
Los nuevos síndromes laborales relacionan el desgaste profesional o burnout con patologías del sueño y con manifestaciones psicosomáticas. En algunas ocasiones pueden derivar en un nuevo problema laboral relacionado con la desmotivación y la insatisfacción profesional o burnout. Todo ello nos da señales de que tenemos que comenzar a cambiar algo en nuestra manera de relacionarnos con nuestro trabajo. Llevas dos años en el que esa actitud te hace tener ansiedad. Es importante pues que empieces a compaginarlo con aspectos personales, familiares, de amistad y otras cosas que te ayuden a sobrellevar estos esfuerzos.
Por otra parte, puedes comenzar a hacer cosas para que se estime y se te valore en el trabajo. Puedes comenzar a gestionar tus relaciones con tus jefes, mostrándote presente y de momento, sin exigirles. Habla bien de ellos a terceras personas y comienza a tenerlos en cuenta en tus decisiones. Hazlos responsables de tus éxitos, pues son éxitos de la empresa, y eso hará que comiencen a mirarte de otra forma. Por otra parte, ve haciendo las cosas que te corresponden, sin aumentar, buscando tu propia salud física y mental; eso te ayudará a cuidar mucho más las relaciones y, posteriormente, el trabajo. Cuando comiencen a dar señales de que te tienen en cuenta y te valoran puedes comenzar a decir que tú eres capaz y podrías hacer más si tuvieras algún tipo de gratificación: reducción de horas, aumento económico o cualquier otra cosa que pueda ser beneficioso para ti. Pero primero tendrás que cuidar la relación con ellos.
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Un comentario en “Esfuerzo laboral que pasa factura”
En tu trabajo pretenden exigirte aún más porque se piensan que tu disponibilidad y disposición son eternas. Al fin y al cabo, ése es el mensaje que les has transmitido hasta ahora: estabas a todo, siempre. En contra de lo que te dicen en la respuesta, no creo yo que compartir medallas con los jefes sea precisamente la mejor manera de que se den cuenta de lo que verdaderamente vales; más bien se aprovecharán de ello y no te darán tregua. Que cada palo aguante su vela. Debes ser honesta con ellos y dejarles claro de manera educada, pero firme, que para dar el máximo de ti no puedes asumir ya más responsabilidades, pues éstas mermarían tu eficacia y eficiencia en lo que ya de por sí tienes entre manos. Que no es poco.
Lo que ocurre en estos casos, y hablo por experiencia propia, es que la gente se acostumbra pronto a que alguien saque todas las castañas de todos los fuegos, y eso no puede sostenerse siempre. Mucha suerte, y relájate, que no vale la pena dejarse la salud en ningún trabajo porque, a la hora de la verdad, el día que te tengan que echar les va a dar lo mismo cuántas veces se te hizo de noche allí, o cuántas tuviste que apagar un fuego a deshoras. Y luego las ansiedades se las lleva uno, como si fuera a heredar aquello. Repito, no vale la pena. Suerte.