Apoyo psicológico online

RSS

Autor: Apoyo online 9 noviembre 2011

No hay comentarios

La permisividad de uno de los dos padres después del divorcio

Mi pareja tiene dos hijos, de 10 y 8 años, de dos padres diferentes. Hace ya más de un año se han separado de su último marido y están en trámites de divorcio. En relación al menor, la madre tiene la custodia de forma provisional a la espera del juicio definitivo de divorcio. Desde hace 9 meses convivimos los dos menores, la madre y yo y aparentemente no hay problema en ello, ya que el niño ve al padre cuando el juez lo ha determinado, ya que fue imposible un acuerdo entre ambos progenitores. El niño desea ver al padre muy a menudo, pese a que en periodos de 15 días se ven un fin de semana y tres tardes entre semana. El padre ha renunciado voluntariamente a verlo entre semana por incompatibilidad de horarios. Le ha prohibido hacer extraescolares porque afectan un par de horas los sábados que le corresponde el régimen de visitas y el niño no puede hacer extraescolares este curso. Con el padre no hace deberes ni estudia y no existen hábitos de higiene, como lavarse los dientes o la ducha, ni de convivencia. Esto genera que durante los días que está el niño con nosotros, los mínimos para él se convierten en una disciplina que en casa de su padre no tiene. En fin, que para el niño estar con nosotros es sinónimo de disciplina y hacer deberes y con el padre es sinónimo de jugar y pasarlo bien, sin normas. Además no quiere entender que si no ve más a su padre es porque el padre ha renunciado a verlo entre semana y si no hace extraescolares culpa a la madre de ello, pese a que le hemos dicho que el padre no las autoriza. Siempre lo justifica en todo y culpa a la madre en todo. Es realmente desesperante la defensa hacia la figura paterna y la poca o nula credibilidad que da las palabras de la madre. Asimismo se manifiesta en las muestras de afecto, cuando pasan dos días sin ver al padre lo quiere llamar y, lógicamente, lo hace, pero ha llegado a pasar hasta tres semanas lejos de la madre sin una llamada. No sabemos cómo recuperar al niño.

Responde: Gabriel González.

Si se ve esta situación cómo recuperar o no al niño, se establece un planteamiento que provoca un partidismo que no tiene por qué ocurrir. Se trata de sentir que la relación padre–hijo tiene que ser similar a la de madre–hijo, ya que lo único que se ha producido es una separación de pareja, pero tanto uno como otro tienen derecho y obligación de mostrarse presentes ante el hijo, ya que seguirán siendo sus padres toda la vida. Si los adultos tratan el tema entre ganar y perder, acrecientan el conflicto de lealtades que ya, por la propia situación, ha de estar sufriendo el menor. Inconscientemente, los menores se posicionan en que tienen que elegir a uno de los padres; si éstos actúan de la misma forma pensando qué se puede hacer para ganárselo, lo único que se provoca es ese distanciamiento que podéis estar sintiendo.

Si los adultos incidimos en que tiene que tratarse de quién gana o pierde en la relación con el hijo se puede llegar a establecer un síndrome de alienación parental, termino acuñado por Richard A. Gardner y que señala las consecuencias de una lucha en la separación donde hay hijos. Por lo que no hay que llegar a esos términos. En una separación los hijos tienen procesos de estrés y desestructuración, en donde lo importante es encontrar un hogar con estabilidad y con coherencia. De esta forma, se establecerán las bases para una relación parento filial, sin tener en cuenta quién tiene la custodia.

Un amplio estudio realizado por Pedro Bengoechea señala los efectos que pueden provocar la separación de los padres. Entre otros, es la discrepancias educativas que se generan entre los padres, lo que provocan un clima socio familiar tenso y diferente. En niños menores de 14 años, la adaptación a dichas diferencias es rápida y su adaptabilidad va a depender de la capacidad del niño y su temperamento, ya que cualquier proceso de divorcio se ve afectado por una convulsión psíquica, también en los menores. Dicha adaptación también va a estar sujeta a la coherencia y la constancia que ambas partes tengan en la resolución de los conflictos y tratar éstos como adultos.

En ese sentido, no podemos cambiar a la otra parte, no podemos incidir en que lo trate de una manera o de otra. Lo que sí se puede hacer es tener una cierta coherencia en la casa custodia, que aunque en la no custodia no tenga normas o todo sea más laxo, con su madre ha de cumplir unas normas y unas obligaciones. Esto costará su trabajo pero hay que ser persistentes y constantes sin tener que entrar en discusiones y altercados. Él se irá dando cuenta de que no necesita posicionarse de una forma, sino ajustarse a cada una de las casas, según toque. Evidentemente, los menores buscan lo más cómodo y se sentirán mucho mejor con quien no le plantee obligaciones, pero ellos mismos se darán cuenta de lo qué es más beneficioso, a largo plazo.

Entradas relacionadas:

Separación y conflicto de lealtades
Alienación parental

Etiquetas: , , , , , ,

Introducir comentario

Solo se publicarán mensajes que:

  • sean respetuosos y no sean ofensivos.
  • no sean spam.
  • no sean off topics
  • siguiendo las reglas de netiqueta, los comentarios enviados con mayúsculas se convertirán a minúsculas.

Entidades colaboradoras

Los beneficios íntegros obtenidos por publicidad han sido cedidos a la Fundación Eduardo Punset: