Autor: Apoyo online 22 junio 2011
Cuando tenía aproximadamente doce años mis padres se divorciaron y la vida de toda la familia cambió radicalmente. Especialmente varió la relación con mi padre, el cual no volvió a ocuparse de mi hermano y de mí, aunque siempre he sabido de él a través de la familia paterna, que ha sido mi entorno. El humor de mi madre también mutó, pues lo que es normal, un divorcio, se convirtió en un drama. Han pasado 17 años y yo he ido dos veces al psicólogo, de adulta, pero aún así, no he retomado la relación con mi padre, lo cual me apena tremendamente. Mi madre y mi hermano, hasta mi abuela, lo consideran culpable de un drama, y yo no. ¿Cómo puedo, sin dañar a mis seres queridos, actuar como soy yo, sin rencor, con alegría, superando, perdonando, queriéndolos a todos con sus defectos y virtudes?
Responde: Montserrat Soler
La separación de los padres pueden situar a los hijos en un conflicto de lealtades y al deterioro de la relación con uno de los progenitores. Este fenómeno fue descrito por Borzomengy-Nagy como una dinámica familiar en la cual la lealtad hacia uno de los progenitores implica la deslealtad hacia el otro, y tiene que ver con la formación de alianzas para intentar eliminar cualquier posible conexión con el otro progenitor. En tu familia parece ser que el conflicto de la separación ha impedido que se diferenciaran entre los problemas de pareja y los problemas parentales.
En este momento en el que te planteas reconciliarte con tu padre, te podría ser de ayuda entender que lo que te diferencia del resto de tu familia es que ellos aún se sienten dañados. En las relaciones de vínculo afectivo cuando uno se siente dañado emergen emociones negativas de variada intensidad, que a veces culminan con el establecimiento de un sentimiento permanente de rencor o el resentimiento, en el que uno se queda atrapado. Pretender que nadie salga dañado por retomar la relación con tu padre es una tarea difícil, pero a la vez te vas a permitir ser coherente contigo misma y legitimar tus emociones.
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Un comentario en “Separación y conflicto de lealtades”
De pequeños, nos inculcan unas directrices de comportamiento aderezadas con unas dosis de moralidad, casi como si fueran la única forma de supervivencia en el tiempo que nos toca de vida. Pronto todos esos esquemas saltan por los aires por la inevitable marea de la realidad. Las instituciones que creíamos indestructibles como el matrimonio, se muestran tan frágiles como la creencia en santa claus o los reyes magos…, la solemnidad se torna en humillante realidad.
El proceso lógico pasa por desdramatizar esas situaciones embarazosas, admitiendo que las cosas raramente se asemejan a los cuentos de hadas, no pasa nada porque nuestros padres tengan que hacer un esfuerzo por dirigirse la palabra, cuando uno comprueba en sus carnes lo complicadas y decepcionantes que resultan las relaciones sentimentales.
Cuando uno adapta sus expectativas a la vida real, puede ser víctima de las críticas de quienes aún albergan esperanzas de recrear esos cánones sobre los que apoyan todas sus ilusiones.
Seguramente tu padre se habrá comportado en su papel de marido como un verdadero c…, y esa es la imagen general que prevalece, pero todos tenemos múltiples facetas que adaptamos a su rol correspondiente, conozco a auténticos sinvergüenzas mujeriegos que son auténticos padrazos, (aunque no estén seguros de cuántos hijos tienen realmente…)
Tu mente es lo suficientemente independiente para comprender que la inercia de los sucesos es indomable, la adaptación es la forma más inteligente de superar los contratiempos.
Mantener una relación padre/hija, puede parecer un agrávio hacia la otra parte, hacerles comprender que tienes todo el derecho del mundo, será una tarea hercúlea… Pero sigue siendo tu derecho.
PD:( intentar reconducir las relaciones solo empeora las cosas, un jarrón roto, roto está).