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Autor: Apoyo online 9 junio 2011

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Desde la separación, mi hija está muy violenta

Mi hija de 18 años tiene problemas. Hace dos años su padre, del que estoy separada, le anunció que iba a tener un hijo, y ella reaccionó con una violencia inusitada. Desde ese día le cambió el carácter, dejó de interesarle estudiar, ha tenido trastornos alimenticios, problemas para dormir y para levantarse, y se ha revuelto contra mí, me desprecia y me odia. Siento que tiene como un tapón, y me gustaría ayudarla. Hace unos años, cuando su padre y yo nos separamos, nos trasladamos de ciudad porque creí que era una oportunidad para nosotras, aunque siempre mantuve los lazos familiares porque volvíamos a menudo a nuestro origen. Todo este tiempo, el padre trataba de convencer a la niña de que se quedará con él, y utilizó todo tipo de argumentos para ello, en esos argumentos destruía mi imagen, pero ella nunca se fue a vivir con él. Hoy mi hija vive en un malestar continuo; y lo peor es que yo veo que ella está atrapada en muchas falsas creencias que a quién más daño está haciendo es a ella misma, inducidas con veneno psicológico que la tiene paralizada y la hace comportarse como una tirana en casa. Necesito comprender y saber cómo puedo ayudarla.

Responde: Gabriel González.

En un proceso de separación se produce un conflicto de lealtades que genera en los niños un proceso de desestructuración emocional. Para los adultos ya es difícil manejar una ruptura, tanto mayor es la dificultad para un niño de entender que sus progenitores se separen: “¿habré tenido yo la culpa?, ¿y ahora qué?, ¿quién lleva la razón?, ¿yo con quién me posiciono?” Situaciones inconscientes que el menor tiene que ir manejando poco a poco. A ello se le añaden los juegos de triangulaciones, en las que se introduce al menor en los procesos de adulto. En este juego aparece el síndrome de alienación parental donde se produce una descalificación, intencionada o no, por una de las partes; esto se considera una forma de maltrato infantil.

Pero la vida continúa y se producen reestructuraciones familiares: nuevas parejas de los progenitores, familias reconstituidas, hermanastros… Todo ello supone un nuevo reequilibrio emocional por el que el menor tiene que pasar, lo que supone: trastornos, cambios de humor, expresión de sentimientos de forma violenta… Para poder ayudar en este proceso lo importante es estar presente, posicionarnos de una manera no partidista y tratar de que el menor no se sienta que está fallando a alguien, es decir, que tiene que elegir entre su padre o su madre. Puede que la otra parte no lo haga, pero si una de las partes lo va haciendo, el niño irá aprendiendo y entendiendo cuál es el mejor posicionamiento y aquel que menos daño le hace.

Se trata de crear un espacio donde el adolescente pueda acudir cuando lo necesite, tratar de empatizar con él, trasmitirle que lo entiendes y que si necesita hablar con alguien ahí te encuentras tú. Un lugar donde tu hija pueda acudir cuando lo necesite, sin atosigarle y sin insistir. Si en un momento determinado se disparan sus emociones y ves que vuelve a desequilibrarse poder trasmitirle que no sabes cómo hacerlo pero que te gustaría ayudarle. También un profesional puede ayudarle a manejar estas situaciones. No depende tanto cómo le puede afectar toda esta situación: la separación, el nacimiento de un hermanastro, el posicionamiento… sino cómo lo manejen los adultos y le ayuden a gestionar esas emociones.

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