Autor: Apoyo online 11 febrero 2011
Tengo la custodia de mis hijos, de 10 y 12 años desde hace 5 años. Hemos vivido estos años los tres, al principio cerrando muchas heridas, pero en los últimos con total tranquilidad y normalidad. He adaptado mi trabajo al horario de colegio de mis hijos, por lo que siempre me he ocupado de ellos. Su padre consolidó la relación que mantenía entonces, habiendo nacido un niño que tiene ahora 3 años. A principio del año pasado se iniciaron negociaciones para iniciar el proceso de divorcio, con más y con menos, antes de verano se llegó a un principio de acuerdo. Estando con mis hijos de vacaciones, por cierto de las más intensas en cuanto a recuerdos y afectos, mi exmarido compró una vivienda a dos calles de la que yo ocupo.
A la vuelta de las vacaciones, en el periodo que pasan con él, me veo dificultada en cuanto a comunicarme con mis hijos, mucho menos a verlos. Cuando mis hijos vuelven a casa, comenzando el colegio, mi hija, la mayor de 12 años, no es mi hija; está triste, me rehuye la mirada, rechaza afecto. A los 5 días manifiesta que quiere ir a vivir con su padre. Iniciado, no sin problemas, conversaciones para regular la sorpresiva custodia compartida, mi hija comienza una espiral de” autoviolencia”, me rechaza de plano, dice querer suicidarse si no se va rápidamente con su padre, no admite las indicaciones de la psicóloga del colegio de tratar el asunto tranquilamente, me dice que ya no soy su madre, que lo es la compañera de su padre, no admite volver a hablar con la psicóloga que fuera del colegio contrato. A todo esto recibe unas 40 llamadas al día de su padre, y multitud de mensajes de su compañera tipo “tranquila cariño, ya queda menos, pronto estaremos la familia junta”. Mi hijo, de 10 años, aun descuadrado por la actitud de su hermana, dice que él está bien como está.
No sé qué hacer, ni siquiera qué sentir; no sé ni cómo comportarme. Me dicen que con normalidad, pero la hora que veo a mi hija solo contesta con monosílabos. No sé tampoco cómo tratar a mi hijo. Intento no llorar, para que no me vean, pero me paso las noches llorando. No sé cómo tratar este dolor.
Responde: Sandra Borro.
Entendemos que la situación por la que atraviesas es difícil y desesperante. En los casos de divorcio los hijos deberían permanecer al margen de los conflictos entre sus padres, pero lamentablemente, en muchas ocasiones los niños se encuentran en medio de la contienda y se acaba deteriorando el vínculo afectivo con alguno de sus progenitores. Por esa razón estás acudiendo a unas visitas con un psicólogo, quien al parecer realiza una terapia de vinculación y te aconseja apartar los asuntos judiciales y tener mucha paciencia con tu hija. Si la niña no quiere acudir a las visitas, puedes seguir recibiendo ayuda para saber cómo actuar con ella en cada momento y no hundirte emocionalmente al ver que pasa el tiempo y no obtienes los resultados que deseas.
Tal vez solo sea cuestión de tiempo.
No sabemos qué es lo que piensa y siente tu hija, pero seguro que necesita saber que la sigues queriendo y que estarás siempre allí para lo que ella necesite. Cuando ella quiera verte intenta no hablar del tema y disfrutar de esos ratos juntas, sin presiones ni reproches. En un simple abrazo puedes mostrarle todo tu afecto y sentirte muy unida a ella. Puedes leer acerca del poder de un abrazo en el libro de Kathleen Keating, Abrázame .
En esos días de visita programa actividades divertidas, prepara su comida favorita e interésate por sus amigos, sus gustos y sus aficiones. Piensa que de la calidad afectiva de vuestros encuentros, aunque sean breves y esporádicos, dependerá el futuro de vuestra relación. Aunque viva con su padre, eres su madre y eso no lo cambia ni el tiempo ni la distancia. Cuando pasen días sin verla puedes escribirle cartas, enviarle fotos y recordarle que la quieres y hacer comentarios acerca de algún tema que pueda ser de su interés y que te permita seguir en contacto con ella sin agobiarla.
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2 Comentarios en “El divorcio y los hijos”
Ante una situación tan delicada, no hay nada mejorar que dejar transcurrir tiempo pero sin abandonar las funciones maternas y siempre muy pendiente de las necesidades de los hijos, sobre todo del que necesita mas atención, la adolescendia en ocasiones es cuando los hijos crean mas problemas y si además pasan por un situación como un divorcio estos problemas se multiplican. Quizá planteándole el tema al exmarido para que reprobara a niña su comportamiento inadecuado, en el caso que hubiese una correcta comunicación entre ambos, podría ayudar. Si no fuese así, armarse de paciencia, e intentar siempre negociar con el “adversari@” (s)
Pienso que es importante que continúes con el apoyo psicológico, no solo por que te de pautas de como manejar las cosas con tus hijos, sino para que te ayude a ti a sanar las heridas que tanto el divorcio como la situación actual generan para ti.
Cuando hay situaciones conflictivas entre los padres, muchas veces los hijos terminan involucrados tomando partido en situaciones que les son muy difíciles a ellos, e incluso hay casos en los que sin darnos cuenta terminan siendo como una especie de trofeos entre el uno y el otro en medio de las dificultades de la pareja.
A veces pensamos que cuando se termina todo ya no habrá necesidad de comunicarnos, y estamos tan herrados, es importante que la comunicación sea buena aunque en ocasiones es “difícil o imposible” lograrlo, esto es por que aunque la separación sea inminente quedarán muchas cosas por resolver, y esto incluye las diversas situaciones con los hijos, su proceso educativo, el régimen de visitas entre otras cosas.
Además de ello, deberíamos poder cuidar la imagen que tienen los niños de sus padres, y eso incluye que sea tanto del lado de la madre como del padre.
Cuando dañamos la imagen que los chicos tienen de sus progenitores, también los golpeamos y los lastimamos a ellos sin darnos cuenta.
Pienso que en la medida de lo posible y si puedes mantener un diálogo con tu exmarido deberían hablar un poco de lo que está pasando, e incluso que él pudiera ir una o más veces a las citas con tu terapeuta con el fin de buscar el beneficio de tus hijos.
Puede ser además de esto que la situación represente un conflicto para tu hija, porque pese a lo que hace y dice puede sentir una gran carga de culpa frente a su comportamiento contigo.
Debe además ser difícil para ti, no engancharte en una pelea o un conflicto con ella, por que tus emociones y tu dolor, harán que sea más fácil.
El apoyo terapéutico en estos casos es indispensable.